Pasión por Tàpies

(In english below)

De Tàpies se ha escrito y hablado mucho. Tenemos magníficas entrevistas que hablan con el hombre sobre el genio. Hoy, aprovechando el 25 aniversario de la Fundació Tàpies y la oportunidad de volver a tener sus murales en frente, escribo estas líneas (muy personales) sobre lo que Antoni Tàpies representa para mi: la pasión llevada al extremo.

Tàpies, fue uno de los artistas contemporáneos más pasionales. Sus retratos y autoretratos son abstractos en todas sus formas menos en aquellas que representan el sexo masculino o el femenino. El SEXO con mayúsculas como pocos lo han pintado: en telas inmensas, ampliado y sin vergüenza.

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Además pinta la pasión por vivir, e inevitablemente, por la indefectible muerte, utilizando en su obra colores y materiales de la tierra, del barro, y del polvo. Polvo en el que nos convertimos al morir.

La materia y el espíritu, la vida y la muerte. A Tàpies no le importa que su arte no perdure o se transforme o se destruya. No le importa que una persiana de madera pegada en un lienzo se pudra. Y se parta y se caiga. Esa es la vida, y el arte es como la vida para él.

Arrastró una enfermedad pulmonar desde la infancia, y se lamentaba del dolor a través de sus cuadros, representando camas y manos y pies que no pueden utilizarse cuando estas enfermo. Y toda su obra tiene sangre, dolor, miembros, camastros, maderas,…

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Tàpies sentía pasión por el arte, por eso la Fundació Tàpies heredó la Biblioteca del artista, y hoy cuenta con más de 50.000 libros y catálogos de arte. Está ubicada en el edificio de la Editorial Montaner i Simón, obra proyectada en 1879 per el arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner. La Biblioteca está especializada en arte moderno y contemporáneo. Perderse en esa biblioteca, es algo que ninguna persona que aprecie el arte debería perderse.

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Una de las últimas obras, la realizó habiendo perdido prácticamente la totalidad de la vista, estaba casi ciego; la dedicó al amor de su vida, Teresa, a quien adoró en el más extenso sentido de la palabra: amó, deseo, necesitó y cuidó. Esta obra, a diferencia de las demás es claramente preciosa, representa la última cena con su mujer. Una mesa para dos, un plato de comida, una botella de vino medio vacía, y ellos mirándose con pasión adulta. Seguramente, esa cena era lo último que Tàpies quería hacer antes de convertirse en polvo.

(B. de Quintana)

 

Passion for Tàpies

We have great books, and articles and interviews with the man talking about the genius. Today, coinciding with the 25th anniversary of the Fundació Tàpies and the opportunity to have his artworks in front of me, I write this (very personal) words about what Antoni Tàpies means to me: passion.

Tapies was one of the most passionate contemporary artists. His portraits and self-portraits are allways abstract except those representing the male or the female sexuality. SEX as few have ever painted: huge, enlarged and without shame.

He was passionated about life and death, using in his qorks colors and materials like earth, mud and dust. Powder in which we become to die. Matter and spirit, life and death.

Tàpies does not care if his art does not survive forever, and were converted or destroyed. He does not care to put a wooden shutter stuck on a canvas rot, and if it splits and falls. That’s life, and art is like life for him.

He dragged a lung disease since childhood, and complained of pain through his paintings, depicting beds and hands and feets that can not be used when you are sick. And all his work has blood, pain, limbs, chairs, wood, …

Tàpies had passion for the art, so the Tàpies Foundation inherited the library of the artist, and today has more than 50,000 books and art catalogs. It is located in the building of the Editorial Montaner i Simon, work designed in 1879 per the modernist architect Lluis Domenech i Montaner. The library specializes in modern and contemporary art. Get swept away in that library, it’s something anyone who appreciates art should miss.

One of the latest works of the artist, was made having lost almost all sight, he was almost blind; Was dedicated to the love of her life, Teresa, devotion, in the broadest sense of the word: he loved, desired, and took care. This work, unlike the others, is clearly beautiful, depicting the last supper with his wife. A table for two, sharing a meal, a half empty bottle of wine, and staring each other’s eyes with adult passion. Surely, that dinner with Teresa, was the last thing Tàpies wanted to do before becoming dust.

 

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